viernes, 5 de agosto de 2011

PREMIO TEMA LIBRE

AUTOR: VICENTE MARTÍN MARTÍN (TORREJÓN DE LA CALZADA)

(MADRID)



Y AHORA QUE NO ESTÁS



Y ahora que no estás y sólo es tiempo de acequias

y lluvias torrenciales,

precisamente ahora

¿me dejas que te escriba un poema de amor en que no diga

te quiero,

en que olvide que sueño con tus besos, tus caderas de nailon y la gloria

que bendicen en tus pechos?


Te escribiré alamedas con gorriones del Duero,

te escribiré montañas,

dibujaré la tarde.


Y es que tú

fuiste el libro de versos que no he escrito

y el dolor no contado,


tú la letra,

la música

y el canto gregoriano que ahuyentaba el aullido de los lobos,

tú la torre albarrana y la dulzura del cuarzo,

tú quien me ha conducido a estos alfares

de una muerte aprendida,


tú la vela

que lloraba el cadáver del ángel paraolímpico.


¿Te he dicho

que llegado a beberme hasta la tinta, que me muerdo las uñas y dibujo

tu nombre en carnes vivas?


Me esfuerzo en entender por qué han perdido

la sonrisa los árboles,

por qué

sólo un año después de que te fuiste

no había nadie en el mundo y se cerraron

de pronto los hoteles:


veo hermosos cadáveres con los muslos de mimbre que almacenan

mazorcas de hornear sobre su sexo

y arrozales que crecen en las ramblas

de un planeta sin lunas.


Nuestros besos,

el tacto,

las caricias pensadas, las noches y el deseo

hoy viajan sentados en distintos vagones de unos trenes

qué ignoran su destino

y sin embargo

cuando todo el paisaje se reduce a palabras y los versos

son un acto de fe

sé que estás y te pienso rimero de agua-luz,

lluvia naranja

o infancia de manzano

y sé que tienes

cansadas de volar las cicatrices.


Tú no sabes

que desde que no estás se han oxidado los versos y las lágrimas,

que hay ortigas e hinojos en medio del jardín,

están tristes los pájaros

y el álamo

me pregunta por ti y no sé decirle

en qué nube te escondes ni a qué señas te escribo

cuando quiero decirte que ha nevado,

que el gato

es un náufrago extraño en la escalera

y se mueren de sed los archiduques prusianos,


ya ves,

mientras te escribo

el presente es ayer y me es posible escuchar la redondez de tus pasos

más acá de ti misma.


Finalmente

te pido que no pienses que si visto de oscuro es que estoy triste,

la tristeza no haría sino más complicada la sintaxis

y, además, los recuerdos

no son un buen lugar para el dolor de los necios.



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